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Oh, que abandonado tengo este blog. Pero tremendamente abandonado. Fue sustituido ligeramente por Twitter para mis verborreas, sin duda, y a medias por Instagram, a la hora de mostrar a ese público selecto las pocas imágenes que considero dignas de compartir. Pero cuesta perder mi costumbre de escribir sobre ciertos temas, sobre todo cuando intento sacarmelos de la cabeza. ¿Listos?

Lo que me ronda por la cabeza ahora mismo es una cierta actitud por parte de ciertos responsables que, en mi más humilde opinión, no terminan de considerar hasta que punto hacen más daño del que pueden subsanar. Todo parte de la recepción hace unas semanas por mi parte del nuevo título para PS3, Tales of Xillia. Reservado en Game, me sorprendieron una buena mañana a principios de agosto diciendome que el juego estaba ya listo para envío, cuando teóricamente, el juego saldría el 30. Una buena sorpresa, la verdad, y que aunque trastocó ligeramente mis planes y mi presupuesto, al final, ha resultado ser un gran acierto. No me arrepiento en absoluto de haber comprado este juego, ya que cuando por fin he conseguido sentarme a jugar con él (yo y mi maldita manía de considerar el 90% de las cosas que me gustaría hacer como pérdidas de tiempo y no hacerlas), me ha dejado totalmente encantado por su humor, sus personajes y su solidez. De acuerdo, tiene fallos, animaciones que hacen que los personajes parezcan muñecas sin vida movidas por hilos, escenas que saltan a destiempo provocando situaciones realmente extrañas (por ejemplo, para que lo entendáis, situaciones del estilo, si ese personaje se acaba de quedar mudo, ¿por qué habla?). Pero me está encantando.

Hoy recibí precisamente un email de Game regalandome un DLC para el título por haberlo reservado allí. Fantástico. De hecho, me he metido en los foros habituales para ver a que se debía este gesto. Y ahora es cuando realmente comienza la historia, cuando llego a esto.

No es la primera vez que el entorno de Namco Bandai la "lía" de esta manera. Siendo más claros. No es la primera vez que Namco Bandai Ibérica se queja abiertamente en público sobre sus bajas ventas, o en privado a personas afines para convertirlos en su altavoz. La cuestión es que ese tipo de declaraciones me resultan bastante molestas como cliente, independientemente a mi relación con ellos.

Haciendo caso a ese mismo mensaje, hay que entender que en la primera semana, el juego vendió un total de 3.000 unidades, una cantidad ridícula si lo comparamos a lo que puede llegar a vender Fifa o Call of Duty en su primera semana sólo en nuestro país, pero no dejan de ser 3.000 ventas. 2.999 ventas, y la mía. Y me resulta muy molesto, pero que muy molesto, leer mensajes por parte de sus responsables en los que generalizan a todos sus clientes, tanto en acto como en potencia, y les echan la culpa de unos resultados más bajos de los esperados.

En ese momento es cuando veo el saldo de mi cuenta de banco, más baja de lo que debería (aunque esto haya sido producto de la mala planificación y considerar que el juego saldría casi un mes más tarde de lo que fue, lo reconozco), me fijo en cuánto he flipado con el juego y la cantidad de líneas escritas y palabras formuladas a mis amistades, recomendandoles encarecidamente el juego si he considerado que podría ser un título de su agrado. Demonios, tanto ha sido mi enganche que incluso he conseguido que un familiar haya ido a por una copia del juego para su uso personal. Y no puedo evitar sentirme molesto por comentarios como ese.

¿De quién es la culpa de que el juego no haya vendido? ¿De los jugadores que, como yo, lloriqueamos cuando un juego llega a nuestras fronteras sin traducir o que incluso puede que no llegue? Es básicamente lo que se da a entender aquí. Se da a entender que las bajas ventas del título (y su futuro en España) han sido culpa de ese colectivo, en el cual me engloban. Pero, hay un problema. He comprado mi copia, de lanzamiento, así como hice con Tales of Graces F, si bien soy culpable de haber esperado un poco antes de adquirir mis copias de Ni No Kuni y Tales of the Abyss 3DS. Soy parte del problema según ellos. Al mismo tiempo que soy parte de la solución, al haber contribuido a esas 3.000 ventas. ¿No es extraño ser a la vez un buen y un mal cliente?

No es la primera vez que me siento así de contrariado por los comentarios de un relaciones públicas. Hace relativamente poco, en una web que sinceramente, no perderé el tiempo en buscar (aunque me suena algo de pulpo frito...), se podía leer una entrevista a uno de los chicos de Koch Media. En dicha entrevista decía, tajante, que la culpa del estado de ciertos juegos de Capcom en España eramos los propios fans, al no gastar lo esperado en sus títulos. En concreto, hacía referencia a la saga Ace Attorney (Phoenix Wright), una saga de videojuegos a la que he declarado mi amor en numerosas ocasiones, así como odio eterno a los trajeados que decidieron en su momento que ni Estados Unidos ni Europa eran merecedores de Gyakuten Kenji 2. En concreto, este buen señor aseguraba que el índice de piratería visto con la saga del abogado era tan demencial, que si cada copia pirateada se hubiera convertido en una venta, sería de los juegos más vendidos de la historia en España, o alguna hipérbole del estilo.

Me tocó de lleno de nuevo esta referencia. Básicamente, daban a entender que no prácticamente ni un jugador de Phoenix Wright que hubiera comprado el juego, si bien lo disfrutabamos como cerdos en nuestros cartuchos alegales. He de confesar algo: formé parte de ese colectivo. Recuerdo que en mi primer o segundo año de carrera, leí algo sobre un juego de abogados para Nintendo DS, un concepto que me parecío tan absurdo que me dejó intrigado. Tanto, que busqué una copia pirata para probarlo. A fin de cuentas, si habían conseguido sacar un juego de operaciones y que resultase entretenido, ¿por qué no iba a ser entretenido uno de abogados? No era propio juzgar antes de saber. Conseguí una copia japonesa, que traía además traducción en engrish. Me encantó. La primera tarde que lo jugué, no pude evitar estarme toda la tarde, desde después de comer hasta bien entrada la noche. Y eso que recuerdo que no llegué más allá del interrogatorio de la señorita de rosa del segundo caso. Después, quise enterarme de cuando salía el juego en España. Y me encontré con que ya había salido... pero en Inglaterra, Francia y Alemania. Tuve que esperar un tiempo para adquirir una copia legal con los textos en castellano. La impaciencia provocó que este ciclo se repitiera en hasta tres ocasiones, algo que me permitió valorar (y criticar) con mayor motivo la extensa labor de localización del título, al disfrutarlos primero en inglés, y luego, en castellano en los cartuchos que con tanto cariño conservo en mi estantería. De paso, esta afición provocó que comprara ciertos títulos parecidos totalmente a ciegas y a precio de lanzamiento, tales como fueron Ghost Trick, Hotel Dusk: Room 215 o Last Window, todos juegos excelentes y que sufrieron el mismo lastre de pocas ventas.

Asi que, de nuevo, me veo blanco de las iras de los distribuidores españoles, llamandome pirata (si bien algo de razón tenían, pero he de reconocer que sin haberlos probado, jamás los habría comprado) y echandome la culpa de que los títulos no vendieran tanto como hubieran esperado. Y eso, de nuevo, me fastidia mucho, sobre todo cuando formo parte de aquellos que realmente han soltado la pasta y han contribuido directa o indirectamente a que estos señores y señoras tengan un sueldo cada mes. Hablando en plata, me jode que me echen la culpa de que otros no hacen bien su trabajo.

Porque sinceramente, y en mi humilde opinión, no hace falta ser muy inteligente para ver que se consigue con estos reproches. Tan solo es necesario ver el culebrón que es la vida pública de Phil Fish para darse cuenta. El hombre esta demasiado expuesto a los medios, no se da cuenta de que cada palabra que dice es leida e interpretada por cientos de miles de personas (o quizás sí), y sus numerosos rifirrafes nos enseñan dos cosas. La primera, estar así de expuesto te daña mucho. Te va minando, poco a poco, y modifica tu manera de ver el mundo. Sin lugar a dudas. No ves al que no te conoce, que quizás te adora en la sombra sin siquiera conocer tu nombre, solamente ves al que se aburre y tiene tiempo suficiente como para entrar en internet, buscarte, señalarte con el dedo y llamarte hijo de la gran puta sin tener un motivo para ello en realidad. Segundo, tus respuestas a este tipo de personas te hace insultar no solo al que te señala con el dedo, sino a toda la comunidad de jugadores, es decir, tus clientes, ya sea en acto o en potencia.  ¿Cuánta gente ha escuchado los desvaríos de Phil, y por lo tanto ha concluido automáticamente que su juego era una basura, y que no merecía darle ni un duro de su dinero?

¿Cuánta gente habrá podido leer estos continuos lloros de los distribuidores españoles, y habrá concluido automáticamente que al menos ellos tienen un trabajo o un sueldo, y que no merecen que se les de ni un duro?

Esto es especialmente preocupante cuando hablamos de juegos que van dirigidos a un público muy selecto. En mi opinión, este tipo de gente, en este tipo de puestos, deberían evitar siempre este tipo de confrontaciones. A cualquier coste. Te interesa ampliar tu cartera de clientes, ser más conocido, dedicar tiempo, esfuerzos y dinero en ser más conocido y aumentar tus posibilidades de ganar en la lotería que acaba siendo lanzar un producto al mercado (sobre todo un producto de relativo lujo, en los tiempos que se viven hoy en día, sobre todo en este país). No se debería dar por hecho nada sobre tu comunidad. Ni se les debería acusar de nada. Porque por cada uno que realmente se merece tus iras, y que seguramente ni leerá tus lloros, habrá otro usuario legítimo, que ha creido en tí, en tu empresa y en tu promoción, y ha aportado ya su grano de arena. No puede aportar más, y no es justo que se le culpe de aquello en lo que ya no pinta nada.

Porque a fin de cuentas, el trabajo de estos vendedores debería ser optimizar su logística, mejorar su marketing, encontrar las claves de por qué un producto no se vende, y proponer soluciones para mejorarlo. Cuando tu solución es espolear a ese ente sin nombre que es "internet", sencillamente, no lo estás haciendo bien. Haz que las madres conozcan el juego. Consigue un espacio en la publicidad de TV de los canales de dibujos a las horas en las que los más mayores puedan estar viendolo. Haz eventos. No te dediques a alienar y faltar al respeto al gentío, puesto que en ese gentío, están aquellos a los que deberías dar las gracias. Es más. ¿Hace cuanto que no das las gracias a quienes lo merecen?

¿No valdría la pena, por una vez, dar las gracias a aquellos que han creido en tí?

Oh, pero no. Esto es España. Aquí, echar la culpa al resto de los fracasos propios o ajenos es el pan de cada día. Así como las discusiones dialecticas, de la falta de acción y solidaridad, las peleas, el "y tu más" en lugar del "hagamos autocrítica". A fin de cuentas, si los protozoos unicelulares que nos gobiernan actúan así, ¿por qué no actuar así en todos los sentidos?

En fin. Hasta aquí llega mi queja. Teniendo la suerte que tengo, es posible que la lea algún implicado en el asunto. Si se diera el caso, solamente quiero decir que no quiero que se tome todo este texto como un insulto o una afrenta, sino simplemente, las reflexiones de un cliente que no encuentra de su agrado que, tras haber hecho el sacrificio que resulta hoy en día la compra de un juego a precio completo en nuestro país, se le siga pidiendo más. Seguiré comprando mis juegos, y me alegraré como el que más cada vez que lea a Jude y a Milla en castellano (si bien hay que reconocer que la traducción sufre de alguna que otra falta, pero no deja de ser algo comprensible teniendo en cuenta los rigores de la industria y las condiciones de trabajo de los traductores). Seguiré sonriendo al ver las carcasas que adornan mi estantería, y atesoraré los momentos vividos con cada videojuego, para regalarlos a cualquier oido que tenga un mínimo interés por ellos.

Pero, por favor. Haced lo posible para que estos recuerdos no se vean empañados por cuestiones personales. A nadie le gusta que le reprendan... sobre todo después de no haber hecho nada malo.
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